Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones
Durante el transcurso de la gestación pueden presentarse algunas complicaciones o signos de alarma que te indican que debes consultar de inmediato a tu ginecólogo. Es importante que estés atenta a padecer cualquiera de los signos que detallamos a continuación.
• Dolor en la parte baja del abdomen sin sangrado, puede estar relacionado con amenaza de aborto u otro problema de parto prematuro.
• Sangrado vaginal o presencia de un flujo sanguinolento, acompañado de dolor en la parte baja del abdomen y dolor lumbar también puede asociarse con una amenaza de aborto (si ocurre antes de 20 semanas); Parto Prematuro (si ocurre entre las semanas 20 y 37) o problemas con la placenta, cuando se implanta demasiado baja en el útero (Placenta Previa) o cuando empieza a separarse de la pared interna del útero antes del nacimiento (Desprendimiento Prematuro de Placenta).
• Vómitos excesivos, persistentes y severos, si no se trata puede afectar la nutrición de la madre e impedir el buen desarrollo del bebé.
• Dolor o ardor al orinar, puede ser una infección urinaria que si no se trata a tiempo puede producir un aborto.
• Fiebre, se debe consultar al médico para descartar una infección.
• Erupciones o ampollas en el cuerpo, debido a enfermedades eruptivas tales como rubeola y varicela.
• Sed, hambre, pérdida de peso, náuseas y vómito excesivo, boca seca y ganancia de peso (más de 2 kilogramos por mes), pueden indicar una posible Diabetes Gestacional.
• Mareos, palidez o debilidad extrema, pueden ser causados por anemia, debida a la disminución en la concentración de hemoglobina en los glóbulos rojos de la sangre.
• Disminución o ausencia de movimientos fetales, se perciben a partir de la semana 22 de gestación y reflejan el bienestar del bebé, en caso de que no se perciban se debe consultar inmediatamente al médico.
• Edema o hinchazón en la cara, manos, y pies, dolor de cabeza intenso, mareos, visión borrosa o zumbidos en los oídos, pueden indicar aumento en la tensión arterial o preeclampsia, es una condición potencialmente seria que, si no es tratada inmediatamente puede llevar a complicaciones (convulsiones) o muerte de la madre o el bebé. Estos síntomas se pueden presentar solos o acompañados.
• Salida de líquido por la vagina, su aspecto es muy parecido al agua, puede salir en cantidad abundante o no y su olor es parecido al límpido. Si esto se presenta consulte inmediatamente.
• Dolor abdominal tipo cólico menstrual, acompañado de endurecimiento del abdomen antes de la semana 37 indica la presencia de actividad uterina (contracciones) relacionadas con un parto antes de término. Si esto se presenta consulte inmediatamente.
No se sabe cómo se puede prevenir la preeclampsia, aunque existen investigaciones en curso. Varios estudios han investigado si tomar calcio extra o una dosis baja de aspirina podría ayudar a prevenir o tratar la preeclampsia. Esto es lo que sabemos por el momento:
• Un análisis reciente de 12 estudios halló que tomar calcio reducía significativamente el riesgo de preeclampsia en mujeres que tenían altas probabilidades de padecerla y que no ingerían suficiente calcio en su dieta. Sin embargo, tomar suplementos de calcio no disminuía significativamente el riesgo en mujeres que ya ingerían suficiente calcio en su dieta.
• Algunos estudios antiguos sugerían que tomar cantidades extra de vitamina C y E podría reducir el riesgo de contraer preeclampsia. Sin embargo dos estudios recientes más grandes has concluido lo opuesto, de hecho, han encontrado que tomar estas vitaminas puede aumentar el riesgo de desarrollar otras complicaciones. Actualmente se está realizando otro estudio mucho más grande sobre este tema.
• Un estudio reciente halló que tomar compuestos vitamínicos durante varios meses antes de la concepción y continuar durante los primeros meses del embarazo se asocia con un riesgo considerablemente menor de contraer preeclampsia, en especial en mujeres delgadas. No se ha observado un efecto protector en mujeres que tienen sobrepeso.
•Algunos estudios indican que las mujeres que corren alto riesgo de padecer preeclampsia podrían beneficiarse de una terapia a base de dosis bajas de aspirina. Esto incluye a mujeres que tienen hipertensión crónica, diabetes severa, o que tuvieron preeclampsia severa en un embarazo anterior. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en qué mujer sería una buena candidata para este tratamiento, cuándo debería comenzarse y cuál sería la dosis óptima. Advertencia: No tomes nunca aspirina durante el embarazo a menos que te lo recomiende tu doctor.
Por ahora, lo mejor que puedes hacer es recibir buena atención prenatal durante el embarazo y asistir a todas las visitas. En cada visita, tu médico controlará la tensión arterial y analizará la orina para estar seguro de que no contenga proteína. Es también importante que sepas reconocer los síntomas de la preeclampsia, de manera que puedas ponerlo sobre aviso y recibir el tratamiento adecuado cuanto antes.
Si presentas hipertensión después de la semana 20 de embarazo pero no tienes proteína en la orina, se dice que tienes hipertensió gestacional (también conocida como hipertensión inducida por el embarazo). Si más adelante te encuentran proteína en la orina, tu diagnóstico pasa a ser preeclampsia. Esto le sucede a alrededor de una cuarta parte de las mujeres a quienes les diagnosticaron en un principio hipertensión gestacional.
Lo más probable es que la tensión arterial vuelva a su nivel normal después de que tengas al bebé. Si la tensión arterial se encuentra todavía alta tres meses después del parto, te diagnosticarán hipertensión crónica. Eso no significa que la hipertensión gestacional te haya producido hipertensión crónica. Por el contrario, probablemente la hayas tenido en todo momento y simplemente no te diste cuenta.
El embarazo generalmente hace que la tensión arterial disminuya al final del primer trimestre y durante gran parte del segundo trimestre, de manera que es posible que oculte temporalmente la hipertensión crónica. Por eso, si recién tuviste tu primera visita prenatal al final del primer trimestre o incluso más tarde, puede que el médico no la detecte hasta que el embarazo haya avanzado más.
¿QUÉ ES LA ECLAMPSIA?
En raras ocasiones, la preeclampsia puede desencadenar convulsiones, una complicación llamada eclampsia. La eclampsia puede tener consecuencias graves para la madre y para el bebé.
Antes de las convulsiones, una mujer puede tener otros síntomas, como dolor de cabeza intenso o persistente, vista borrosa o con puntos, sensibilidad a la luz, confusión mental o dolor intenso en la parte superior del abdomen. A veces las convulsiones aparecen sin previo aviso. Por esta razón a todas las mujeres que padecen preeclampsia severa se les da sulfato de magnesio, un anticonvulsivo.

Depende del grado de gravedad, de cuántas semanas de embarazo tengas y de cómo se encuentre tu bebé. Probablemente te ingresarán al menos para hacerte una evaluación inicial y posiblemente durante el resto del embarazo te harán controles rigurosos.
Además de los controles de presión sanguínea y los análisis de orina, el médico te pedirá una serie de análisis de sangre para determinar la gravedad del problema. También te harán una ecografía para controlar el crecimiento del bebé, un perfil biofísico y una cardiotocografía en reposo para ver cómo se encuentra el bebé.
SI TIENES PREECLAMPSIA LEVE Y TE ENCUENTRAS EN LA SEMANA 37 O MÁS, probablemente te provocarán el parto de inmediato, especialmente si el cuello uterino está comenzando a afinarse y dilatarse. O, si hay signos de que tú o tu bebé no pueden tolerar el parto, te practicarán una cesárea.
SI TODAVÍA NO ESTÁS EN LA SEMANA 37, LA COMPLICACIÓN ES LEVE Y PARECE ESTABLE, Y TU BEBÉ ESTÁ BIEN, posiblemente no necesites dar a luz de inmediato. Por el contrario, puede que te envíen a casa y te digan que intentes descansar lo más posible. Quizás tu doctor te pida que controles tu tensión sanguínea en casa regularmente o te mande una enfermera para que la verifique. O bien, tu médico puede querer que permanezcas internada para que hagas reposo en cama y te puedan hacer controles.
Si bien no hay estudios definitivos que demuestren que el reposo en cama mejora el pronóstico clínico tuyo y del bebé cuando tienes preeclampsia, la tensión arterial es por lo general más baja cuando descansas. Por eso la mayoría de los médicos sugieren reducir las actividades o hacer algo de reposo. (El reposo absoluto, en el que te obligan a permanecer en cama por periodos prolongados, probablemente no te ayudaría y aumentaría el riesgo de que se formaran coágulos de sangre.)
Independientemente de si te encuentras en tu casa o en el hospital, tú y tu bebé serán sometidos a controles rigurosos durante el resto del embarazo. Si estás en tu casa, esto significará que deberás hacer visitas frecuentes al médico para que verifique tu tensión sanguínea y te haga análisis de orina y además para que te hagan ecografías y cardiotocografías en reposo. Además, tendrás que contar los movimiento fetales todos los días. Si en algún momento los síntomas indican que la preeclampsia está empeorando o que tu bebé no está bien, te volverán a internar y posiblemente tendrás que dar a luz.
SI TE DIAGNOSTICAN PREECLAMPSIA GRAVE, tendrás que pasar el resto del embarazo en el hospital. Y puede ser que te trasladen a un hospital en donde pueda atenderte un especialista en embarazos de alto riesgo. Te darán sulfato de magnesio por vía intravenosa o algún otro tratamiento para prevenir convulsiones y otra medicación para bajar la tensión arterial, si es que se encuentra muy alta.
Si estás en la semana 34 o más, te inducirán el parto o, en ciertas circunstancias, te practicarán una cesárea. Si todavía no llegaste a la semana 34, te administrarán corticoesteroides para ayudar a que los pulmones del bebé maduren más rápido. Si no das a luz inmediatamente, tú y tu bebé serán sometidos a controles extremadamente rigurosos.
Te inducirán el parto (o, en ciertas situaciones, te practicarán una cesárea) al primer indicio de que la preeclampsia está empeorando (por ejemplo, si tienes HELLP o eclampsia) o si tu bebé no está bien, independientemente del momento del embarazo en que te encuentres.
SI DESARROLLAS PREECLAMPSIA DURANTE EL PARTO, te harán controles rigurosos. Según tu situación particular, puede ser que te administren medicamentos para prevenir convulsiones y medicación para bajar la presión.
Después del parto, permanecerás bajo estricta supervisión durante algunos días para verificar tu tensión arterial y controlar que no haya indicios de otras complicaciones. Muchos casos de eclampsia y del síndrome de HELLP ocurren después del parto, generalmente durante las primeras 48 horas. Por eso, no te extrañe que te sigan tomando la tensión con frecuencia. La mayoría de las mujeres, especialmente aquellas con preeclampsia leve, experimentan mejoría en un día aproximadamente.
La tensión arterial empieza a bajar en un día o así en muchas mujeres, especialmente si tienen preeclampsia leve. A las mujeres que presentan cuadros más graves se les administra sulfato de magnesio por vía intravenosa durante 24 horas por lo menos después del parto para ayudar a prevenir las convulsiones, y lo más probable es las manden a casa con medicación para controlar la tensión arterial.

A pesar de las extensas investigaciones realizadas, nadie sabe con certeza lo que causa esta condición. La mayoría de los especialistas creen que en muchos casos la preeclampsia en realidad existe desde el principio del embarazo, bastante antes de que se manifiesten los síntomas, y que está relacionada con un riego sanguíneo reducido a la placenta. Esto podría suceder si la placenta no se implanta correctamente en las paredes del útero y las arterias de esa zona no se dilatan como deberían, de manera que llega menos sangre a la placenta.
La hipertensión crónica y la diabetes también pueden disminuir el riego sanguíneo hacia la placenta.
Hay estudios que indican que los cambios de riego sanguíneo a la placenta pueden producir altos niveles de unas proteínas de la placenta que entran en tu torrente sanguíneo. Esto puede producir una compleja serie de efectos, entre los que se incluyen: vasoconstricción (que produce hipertensión), daños en las paredes de los vasos (que provocan hinchazón y proteína en la orina) y alteraciones en la coagulación sanguínea, que a su vez pueden causar muchísimos otros problemas.
No está claro por qué les sucede a algunas mujeres y a otras no, y es posible que no haya una única explicación. Podría deberse a la genética, a la nutrición, a ciertas enfermedades subyacentes, y a la manera en que el sistema inmunitario reacciona al embarazo, entre otros factores.
Sí. Si sufres de hipertensión antes de concebir o durante la primera mitad del embarazo, se considera que tienes hipertensión crónica y tu médico necesitará hacerte controles rigurosos durante el embarazo para asegurarse de que tu tensión arterial esté controlada y el bebé esté creciendo bien.
Verificará que no haya signos de preeclampsia ni otras complicaciones. Las mujeres que padecen hipertensión crónica y desarrollan preeclampsia corren más riesgo de sufrir complicaciones que las mujeres que tienen sólo una de estas condiciones.
Es más común contraer preeclampsia por primera vez durante el primer embarazo. Sin embargo, una vez has tenido preeclampsia, el riesgo de que vuelva a manifestarse en embarazos posteriores es mayor.
Cuanto más grave es la preeclampsia y más temprano la padeces, mayor es el riesgo. De hecho, si tuviste preeclampsia severa y ésta comenzó antes de la semana 30 del embarazo, el riesgo de que la vuelvas a padecer puede ser de un 40 por ciento.
Otros factores de riesgo incluyen:
• Tener hipertensión crónica.
• Presentar cierto tipo de trastornos en la coagulación sanguínea, diabetes, una afección en los riñones o una enfermedad del sistema inmunológico como el lupus.
• Tener un familiar cercano que haya tenido preeclampsia (por ejemplo: madre, hermana, abuela o tía).
• Ser obesa (tener un índice de masa corporal de 30 o más).
• Estar esperando dos o más bebés.
• Tener menos de 20 años o más de 40.