Intenta beber las frutas y vegetales


Los jugos frescos son más saludables que los refrescos o el café. Puedes hacer un batido de frutas con un poco de leche, yogur desnatado, varias frutas y hielo picado. Es muy refrescante y puede contener gran parte de las frutas que necesitas diariamente. Una sopa de vegetales para el almuerzo es una gran idea porque comerás varios tipos de vegetales, casi sin darte cuenta. Además de vitaminas, todas estas frutas y vegetales añadirán fibra, que te irá muy bien para los posibles problemas de estreñimiento.


¿Qué te parece comerlos crudos?


Si no te gustan los vegetales cocidos, pruébalos crudos. Por ejemplo unas zanahorias ralladas con unas uvitas pasas mezcladas con un aliño, o ensalada de col morada picadita con zanahoria rallada, unos trozos de manzanas y algunas nueces. También puedes probar con unos palitos de apio cubiertos con algunos de tus aliños favoritos.


Si no los puedes ver… ¡disfrázalos!


Un truco es mezclar los vegetales que te gustan, con aquellos que no te gustan tanto. Por ejemplo, muele zanahorias cocidas con papas, o bien hierve unos vegetales mixtos congelados y después gratínalos al horno con un poquito de queso rallado encima. También puedes probar a mezclarlos con un plato de pasta o bien, comprar pasta que esté rellena de espinacas u otros vegetales.


Y ante todo… ¡no te desanimes y sigue intentándolo!


Cuando estás embarazada tus gustos van cambiando y lo que hoy no puedes tolerar, resulta que mañana te sienta bien. Por eso, sigue probando cosas nuevas y verás como va aumentando la variedad de vegetales que añades a tu dieta. Pero hazlo poco a poco, porque los grandes cambios hechos de la noche a la mañana son más difíciles.

• Cambia durante una semana los refrescos azucarados por jugos y batidos de frutas.

• La próxima semana añade a tu dieta un poco más de ese vegetal que te gusta o el que quieras probar.

• Introduce nuevas frutas en la siguiente semana.

Si haces esto, puede que en pocas semanas tus gustos comiencen a cambiar.