Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones
“Siento como si el bebé que llevo dentro ha de ser una gran persona” confió una futura mamá a una amiga.
El sentimiento que ella tenía nos recuerda la forma en que sentían las madres hebreas antes del nacimiento de Cristo. Porque según los antiguos escritos de los profetas, una joven sería honrada trayendo al mundo al Mesías prometido. ¿A quién otorgaría el Señor ese gran honor? Por supuesto, nadie lo sabía, y por eso todas esperaban. Y un día, a la que menos lo imaginaba, llegaron las buenas noticias.
María, una humilde muchacha, había conocido el amor, el amor de un noble joven. Preveía su papel como esposa y madre, como cualquier muchacha enamorada y comprometida para casarse. Pero no esperaba una visita de un ser celestial. Nadie lo espera.
“Salud a ti, María, muy favorecida. El Señor es contigo”.
María se asustó, como siempre ocurre con los seres humanos cuando son visitados por ángeles. Pero el ángel le dio aliento.
“No estés asustada, María; Dios te ama profundamente. Serás la madre de un hijo y le llamarás ‘Jesús’. Será grande y será conocido como Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre y será Rey sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reino no tendrá fin”.
María mostró su cualidad de carácter cuando preguntó sencillamente: “¿Cómo puede ser eso? ¡No estoy casada!”
Obedientemente y con fe, aceptó la explicación del ángel. El Espíritu Santo vendría sobre ella y el Ser santo que nacería de ella sería llamado Hijo de Dios.
Joven como era, probablemente aún una adolescente, María tenía fortaleza tanto de cuerpo como de alma. Y es una buena cosa, porque los días del embarazo de María fueron excepcionalmente abrumadores.
Para los grandes acontecimientos solemos estar dispuestas a grandes sacrificios. Son las cosas triviales, minúsculas la que nos hacen quejar y marchitar. María estuvo a la altura de las circunstancias.
María respondió: “¡Le doy gracias a Dios
con todo mi corazón,
y estoy alegre
porque él es mi Salvador!
Dios tiene especial cuidado de mí,
su humilde esclava.
Desde ahora todos me dirán:
“¡María, Dios te ha bendecido!”
El Dios todopoderoso ha hecho
grandes cosas conmigo.
¡Su nombre es santo!
Él nunca deja de amar
a todos los que lo adoran.
Dios actúa con poder
y hace huir a los orgullosos.
Quita a los poderosos de sus tronos,
y da poder a los pobres.
Da cosas buenas
a los hambrientos,
pero despide a los ricos
con las manos vacías.
Ayuda a los israelitas,
sus servidores,
y nunca deja de ser
bondadoso con ellos.
Así lo prometió
a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus descendientes,
para siempre”.
Lucas 1:46-55
El correo trajo un paquete inesperado. Alcira lo abrió ansiosamente, para descubrir deleitada un libro para niños recién nacidos, de tapas acoladas. Casi se olvidó de preparar el almuerzo, tan fascinada estaba con las páginas que tendría que llenar. ¿Sería dentro de tres semanas? Así esperaba.
Sin embargo, había una página que podía comenzar ya mismo, un dibujo de un árbol familiar con espacio para los nombres y fechas de nacimiento de los padres, los abuelos y aun los tatarabuelos. Cuidadosamente dibujó las fechas que sabía de memoria de su propia rama familiar, dispuesta a que Jaime llenara lo de su propia ascendencia esa misma tarde. ¡Qué felicidad!
Y entonces Alcira se detuvo a preguntarse una vez más cómo sería su bebé. Los ojos oscuros y penetrantes de Jaime; seguramente esos genes predominarían sobre sus pálidas pupilas verdes. ¿Rizos? ¿Una cabeza calva? ¿Una nariz respingada? Seguramente no tendría sus pecas, esa peste de toda la vida! Mentalmente, ¿sería el bebé tan ágil como Jaime o pesaría lentamente todas las cosas como ella? ¿Tendría mente para la mecánica como su padre? ¿ O sería poético como la madre de Jaime? ¿ O siempre sediento de saber como el hermano menor de ella?
De acuerdo al artículo que acababa de leer esa mañana, el mismo instante de la concepción determina esos asuntos. El bebé sería una combinación de genes que ocurría cuando una de los millones de células espermáticas de Jaime se unía con una sola célula que llevaba las características hereditarias de la ascendencia de Alcira. Había tantas combinaciones posibles que ella se preguntaba cómo era posible que pudieran parecerse dos niños de una misma familia.
Era divertido imaginarse a sí misma presentando a sus padres un nieto, el primero. Los padres de Jaime ya tenían dos, pero también ellos parecían emocionados por la llegada de este nuevo bebé.
¡Pensar que ella, Alcira, al ofrecer su cuerpo para que sirviera de cuna temporaria, podía influir en las páginas de la historia familiar, que podía colocar un nuevo ciudadano en la población mundial, que algún día podía llegar a ser abuela ella misma!
Cuando nos casamos, nos casamos en una familia. ¡Qué dichosos somos de ser parte de dos familias en el matrimonio, cada una de las cuales enriquece nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos!
Helen Good Brenneman
El salmista mostró el respeto que los hebreos tenían por el árbol familiar cuando escribió:
“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos.
Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien.
Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová … y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel.”
Salmo 128:1-4,6
Marion Lawrence
Hace unos años, un hombre que iba a ser padre escribió un artículo sobre “Cómo vivir con una esposa embarazada”. No recuerdo en detalle sus consejos, pero sí que salía de noche para satisfacer el capricho de su esposa que pedía una hamburguesa. ¡Aquel joven esposo aprendió que los bebés complican la vida matrimonial aun antes de nacer!
Los autores de “Tu Nuevo Bebé Y Tú” señalan que, durante el embarazo, la esposa tiene temores especiales: su figura, cómo se comportará en el alumbramiento, cómo será el bebé y su propia salud.
Pero el marido también tiene sus temores. A veces, teme que no llegará a tiempo al hospital con su esposa, o que el médico no conocerá su oficio, cómo cambiarán sus vidas, si será un buen padre y si el niño preferirá a la madre.
Las parejas sienten juntas el temor por el dinero, el espacio en la casa, las relaciones conyugales, la nueva sujeción y la interrupción en sus vidas.
Uno de los problemas de los padres jóvenes es que aún están haciendo muchos ajustes entre sí y que al mismo tiempo deben ajustarse a un nuevo miembro de la familia. Para la esposa, esto puede ser doblemente difícil, especialmente porque no siempre se sentirá de la mejor manera posible. Quizá los olores del desayuno la obliguen a salir de casa o quizá se canse o se irrite pronto o descubra que se torna emotiva por pequeñas cosas.
“En un momento me estoy riendo con mi esposo y mi hijo”, escribía una esposa a una amiga, “y al siguiente sé que voy a llorar”.
No obstante, si la pareja ha entrado al matrimonio con la idea realista de que es “para lo que pudiera venir”, ni el esposo ni la esposa esperarán que la vida sea siempre de un sol espléndido y abundancia. Aceptarán las fragilidades y limitaciones del otro y “lucharán” por su matrimonio de manera constructiva.
Se ha dicho que “lo mejor que puede hacer un padre por sus hijos es que su madre sea feliz”. Esto también puede ser dicho a las esposas: hacer que el padre esté seguro del amor mutuo es lo más importante para forjar una familia feliz. Aunque los niños insumen una gran ,cantidad de tiempo y energía, una pareja debe tener cuidado de no descuidarse el uno al otro. Porque el futuro del hijo depende de la continuación y crecimiento del amor que lo engendró.
El momento para establecer patrones para la vida es el comienzo del matrimonio: hablar las cosas, soñar juntos, mostrarse afecto, pensar en metas e ideales familiares y, sobre todo, orar juntos.
Si bien a Dios le toma nueve meses hacer un bebé, ¡parece que se necesita una vida para hacer un padre o una madre!
Helen Good Brenneman
DEFINICIÓN DE UN BEBÉ:
Lo que hace al hogar más feliz,
al amor más fuerte, la paciencia mayor,
las manos más ocupadas, las noches más largas,
los días más cortos, los bolsillos más vacíos,
los ropas más mojadas, el pasado olvidado,
el futuro más brillante.
Yo le doy las gracias a Dios por haberme hecho MUJER y haberme dado el reglo de poder ser MADRE.
Salmo 128:3
“En el seno de tu hogar, tu esposa será como vid llena de uvas; alrededor de tu mesa, tus hijos serán como vástagos de olivo.”
Dios me ha bendecido con dos hijos, que yo llevaré por el camino de Dios mediante mi responsabilidad como madre.
- Yo pondré mi Biblia antes que la televisión, la radio, el móvil…para que mis niños sepan la prioridad que le doy a mi tiempo libre.
- Yo haré mi petición a Dios delante de ellos, para que aprendan que hay un Dios vivo que contesta las oraciones.
- Cuando pasen cosas malas, yo no me quejaré sino que al contrario, les haré ver que las cosas pasan porque están permitidas por una razón. Así mis hijos aprenderán a esperar en Dios.
- Cuando mis hijos oigan una mala palabra o me vean enfadada, confesaré que es un pecado y les pediré perdón para que ellos aprendan a confesar sus pecados y mantenerse con el corazón limpio delante de Dios.
- Con mis acciones y mi forma de hablar dejaré ver a mis hijos una madre que ama a su padre, para que ellos sientan la estabilidad de una familia en un tiempo donde los matrimonios se están deshaciendo.
- No les exigiré a mis hijos nada que yo no pueda hacer, para que ellos vean que su madre también está aprendiendo a andar en el camino correcto.
Al ser madre, he aprendido dos cosas:
* En lo carnal: A valorar a mi madre mucho más que antes y darle gracias a Dios por ella.
* En lo espiritual: A comprender a Dios como mi Padre Celestial y amarlo a El sobre todas las cosas.
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En un programa de televisión se preguntó a un niño preescolar cómo imaginaba el cielo. Su respuesta fue: “Es un lugar donde hay un montón de bebés que están esperando para nacer.”
Podemos cuestionar la teología de esta criatura, pero sabemos que todo bebé es un alma inmortal, un VIP, una persona creada a la imagen Dios. Aun antes del nacimiento, el feto es precioso, porque se está desarrollando un ser humano en potencia, un yo, un alguien que vivirá para la eternidad. Jesucristo reconoció a los niños como personas importantes. Prestó atención a los pequeños, los bendijo, los usó como lección objetiva para adultos y enseñó que cada niño tiene un ángel en el cielo, que siempre está contemplando la faz del Padre.
¿ Qué quiere decir la Biblia cuando dice que el hombre fue creado
imagen de Dios?
¡Por cierto que esta imagen está distorsionada en la mayoría de nosotros! Pero un bebé humano difiere de un bebé animal, porque a aquél se le ha dado la libertad de hacer elecciones, una mente capaz de pensar cosas por sí mismo, una personalidad que vivirá más allá de la muerte y una conciencia que puede ser capacitada para distinguir entre el bien y el mal. Por medio de Jesucristo, esta personalidad humana puede crecer gradualmente cada vez a semejanza del Padre, más a la imagen de Aquél que es amor.
La importancia de traer al mundo a una criatura escogida de esa manera es impresionante. Quizá debería haber una ceremonia de iniciación, pompa y circunstancia, para cada nuevo padre o madre. Después de un solemne discurso, el padre y la madre responderían de la siguiente manera (parafraseando la respuesta de un nuevo rector universitario): “Es un privilegio estar aquí y aceptar los emblemas de mi función y todas sus responsabilidades. .. Prometo poner todas mis energías, imaginación y cuanto talento tenga en esta función… Les declaro mi decisión de servir fielmente a mi familia y buscar la dirección de Dios para ese fin.”
La Biblia dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Un amigo teólogo me dice que en hebreo la palabra “ser viviente” significa una persona completa. Este ser creado es una personalidad unificada que comprende el cuerpo, el alma y el espíritu.
Alta Erb y Winifred Paul en su “Libro Para Los Padres Cristianos” citan las famosas palabras de Patri:
“Haz una buena tarea los tres primeros años y tendrás un buen seguro para los demás”.
Pero agregan esta sabia palabra: “La infancia y niñez humanas se extienden por muchos años. Dios nos ha dado tiempo para hacer un hombre.”
Si el bebé que nacerá pronto fuera dejado en una canasta en nuestra puerta, no sería un misterio mayor que el que está siendo preparado en el seno materno. La capacitación de ese “ser viviente” es nuestra solemne tarea como padres.
LOS HIJOS NO ESPERAN.
Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo
para consultar al médico;
Un tiempo para hacer dieta y ejercicios, y un tiempo para
preparar el ajuar.
Hay un tiempo de maravillarse en los caminos de Dios,
Sabiendo que éste es el destino para el cual fui preparada.
Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca,
Un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo
que llevo en mis entrañas. .
Un tiempo para preparar mi alma para alimentar la suya.
Pues muy pronto llega el día en que nacerá,
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos
y biberónes.
Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por
la habitación.
Un tiempo para ejercer la paciencia y la abnegación.
Un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo
de amor, de bondad y de dependencia.
Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es, ni mascota
ni juguete, sino una persona, un individuo, un ser creado
a imagen de Dios.
Hay un tiempo para reflexionar acerca de mi mayordomía.
Para saber que no puedo poseerlo.
Que no es mío; que he sido elegida para cuidar de el, para
amarlo, disfrutar de él, edificarlo y responder ante Dios por él.
He resuelto hacer lo máximo a mi alcance,
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la
historia más hermosa que jamás haya oído.
Un tiempo para mostrarle a Dios en la tierra, en el cielo y
en la flor, y enseñarle a maravillarse y sentir asombro.
Hay un tiempo para dejar a un lado los platos sucios y
llevarlo al parque a columpiarse.
De correr con él una carrera, hacerle un dibujo, atrapar
una mariposa y darle compañerismo lleno de alegría.
Hay un tiempo para señalarle el camino y enseñarle
a orar con sus labios de niño,
Enseñarle a amar la Palabra de Dios, y el día de Dios,
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír
en vez de fruncir el ceño,
De secar lágrimas y. reírse de los platos rotos.
Un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes,
mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos.
Hay un tiempo para contestar a sus preguntas,
a todas sus preguntas,
Porque quizá vendrá el momento en que no querrá
escuchar mis respuestas.
Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a
obedecer, a poner en su lugar los juguetes.
Hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber
cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse
en la comunión y adoración en medio de los suyos.
De conocer la paz que viene por la oración.
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela,
y extrañar su manera de estar siempre alrededor mío.
De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber
que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva
de la escuela.
De escuchar con interés sus descripciones de lo acontecido
en ese día. .
Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener
responsabilidad, autodisciplina,
De ser firme pero afectuosa, de saber disciplinarlo con amor.
Porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar
los lazos que lo sujetan a mi falda.
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez,
Sólo ‘dieciocho preciosos años para inspirarlo y prepararlo.
No vaya cambiar este derecho natural por ese “plato de lentejas”
llamado posición social, o reputación profesional,
o por un cheque de sueldo.
Una hora de dedicación hoy podrá salvar años de dolor mañana.
La casa puede esperar, los platos pueden esperar,
la pieza nueva puede esperar,
Pero los hijos no esperan.
Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean,
ni juguetes en la escalera, ni peleas entre ellos,
ni marcas en las paredes.
Entonces podré mirar atrás con gozo y no con pesar.
Será el tiempo de concentrarme en un servicio fuera de mi hogar.
De visitar a los enfermos, a los que han perdido a sus seres
queridos, a los desanimados, a los que no tienen instrucción.
Para entonces dar mis servicios a “los más pequeñitos”.
Habrá un tiempo para mirar atrás y saber que estos años
de ser madre no se desperdiciaron.
Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver a mi
hijo hecho un hombre íntegro y recto, amando a Dios y
sirviendo a los demás.
Dios mío, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de
mis hijos.
No existen los momentos de poca importancia en sus vidas.
Que sepa comprender que no hay carrera mejor,
Ni trabajo más remunerador,
Ni tarea más urgente.
Que yo no postergue ni descuide esta labor,
Que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu,
y por tu gracia, me dé cuenta
Que el tiempo es breve, y que mi tiempo es hoy,
Porque los hijos no esperan.
Helen Young
–Desde el infinito llegué hasta aquí.
¿De dónde obtuviste ojos tan azules?
–Del hermoso cielo que crucé al venir.
¿Qué hace a esos ojos brillar con la luz?
–Destellos de estrellas que llevan en sí.
¿De dónde te vino esa lagrimita?
–La encontré esperándome al llegar aquí.
¿Qué formó tu frente tan suave, bebé?
–Una mano tierna la rozó al pasar.
¿Qué hizo de rosas tus dulces mejillas?
–Algo más hermoso que lo conocido.
¿Y de dónde viene tu risa feliz?
–De besos de ángeles, en algún desliz.
¿Quién te dio orejitas perladas de nácar?
–Dios habló y se hicieron para escuchar.
Y los piececitos, ¿de dónde vinieron?
–De la caja de alas de los querrubines.
¿Cómo todo eso te formó así?
–Dios pensó en mí, y entonces crecí.
Y cómo viniste, bebé, hasta aquí?
–Dios pensó en ustedes y me envió a mí.
George MacDonald
Ciertamente el milagro de la vida es algo grandiosamente maravilloso. Y sí, se puede describir como un milagro porque nuestra mente aún no puede entender cómo se puede formar algo tan perfecto y harmonioso.
En esta etapa de tu embarazo estás experimentando día a día este milagro que va creciendo en perfección…desde que fue invisible a los ojos hasta llegar a tener todos sus órganos y sistemas funcionando con naturalidad. ¿Quién podría dudar la existencia de un amoroso Dios que nos permite maravillarnos en Su creación cada vez que nace un niño?
“Tú hiciste todas las delicadas partes internas de mi cuerpo y las uniste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por haberme hecho tan admirablemente complicado! Es admirable pensar en ello. Maravillosa es la obra de Tus manos, ¡ y qué bien la conozco!
Tú estabas presente cuando yo estaba siendo formado en el más completo secreto. Tú me viste antes que yo naciera y fijaste cada día de mi vida antes que comenzara a respirar. ¡Cada uno de mis días fue anotado en tu libro!
¡Qué precioso es, Señor, darse cuenta de que continuamente estás pensando en mí! Ni siquiera puedo contar cuántas veces al día tus pensamientos se dirigen a mí. Y cuando despierto en la mañana, aún estás pensando en mí.”
Una porción de la BIBLIA del libro de los Salmos.
Salmo 139 : 11-18

Bella por fuera, bella por dentro
Tu salud mental y tu salud espiritual son tan importantes en esta etapa de tu vida como es tu salud física. Esta etapa de tu embarazo es un tiempo tan especial y único. Y hay maneras de sentirse muy bien y sentirse bella tanto por fuera como por dentro.
Si las náuseas, mareos u otras molestias no te lo están haciendo pasar muy bien, es posible que ahora estar bella no sea una de tus prioridades, aunque hay mujeres que se sienten especialmente hermosas en esta etapa.
Pero si tú no eres una de ellas, y te sientes un poco “baja de ánimo”, sea por los achaques típicos del embarazo o por los cambios que está experimentando tu cuerpo, es muy importante dedicar tiempo a sentirte bien contigo misma, tanto por fuera como por dentro.
Sentirte bien mentalmente es muy importante durante el embarazo. Las tensiones y el estrés no te van a hacer ningún bien, en un momento en el que necesitas toda tu energía, y cuando estás pasando por tantos cambios.
Muchas mujeres tenemos una educación tradicional en las que se nos ha enseñado a ser las responsables del funcionamiento de la casa y de la atención de todos los miembros de nuestra familia, y a menudo nos sentimos culpables si no podemos atender adecuadamente todas estas obligaciones. Sin embargo, durante el embarazo es necesario adoptar una actitud mental, porque físicamente no podemos responder a estas exigencias de la misma forma. Y si además no tenemos familiares alrededor que nos puedan ayudar, es posible que se nos haga más difícil seguir el ritmo normal.
Habla con tu esposo y con los que te rodean para que entiendan que vas a necesitar ayuda y no te sientas culpable si hay días en los que tienes que dejar cosas sin hacer. Y sobre todo, recuerda que tan importante como no cansarte, es no sentirte culpable por tomar un rato para relajarte.
Por otra parte, si sientes que durante el embarazo hay ciertas emociones que te están produciendo angustia, o hay alguna situación a tu alrededor que te está desequilibrando, consulta con un profesional. Por ejemplo, si hay muchas discusiones con tu pareja o si has perdido a un bebé anteriormente y tienes ahora mucho miedo de que esa situación se repita. Tu salud mental es importante siempre, pero especialmente ahora. Hablar con un psicólogo puede ayudarte a poner las cosas en perspectiva.
De la misma forma, la religión y la espiritualidad son una parte importante de la vida de muchas mujeres y algo muy reconfortante durante el embarazo.
Orar, rezar o meditar, te puede hacer sentir muy bien y darte seguridad en ti misma y darte tranquilidad para el momento del parto.
Pero, aunque no seas religiosa, lo que importa es que te sientas bien interiormente durante el embarazo. Busca aquello que te dé paz interior y practícalo de forma regular, sea paseos en la naturaleza, yoga, o ejercicios de respiración. Le trasmitirás esa sensación de bienestar a tu bebé.
Para un niño aún no nacido
Te pido Señor,
Por éste, nuestro niño,
Hueso de nuestros huesos,
Carne de nuestra carne,
Y sin embargo, por divino misterio,
¡Un alma inmortal!
Haz que pueda conocer
Dulzura y tibieza en el vientre materno;
Y que pueda crecer
Sabio y bondadoso en las manos paternas;
Y que pueda vivir
Mirando hacia Dios
Durante largos años en los caminos rectos
¿Qué más pedirte, Dios,
Por este, nuestro niño?
Hueso de nuestros huesos,
Carne de nuestra carne,
Y sin embargo, por divino misterio
¡Un alma inmortal!
Miriam Sieber Lind