Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones
Mantener el sentido común y la actitud crítica ante los consejos y creencias populares es fundamental para paliar la inseguridad antes del parto
Con el progreso del embarazo, y por más tiempo y energías que se hayan dedicado a prepararse para saber cuidar del bebé, crece muy a menudo la sensación de sentirse poco capaz de ello. Esa inseguridad es un sentimiento absolutamente normal en personas responsables. Y si las madres afirman que con el segundo hijo todo les resulta mucho más fácil, no es tanto por lo que han aprendido con el primero, sino por la confianza que han adquirido en sí mismas.
En todo caso, es razonable sentir una cierta ansiedad, pero también conviene pensar que la naturaleza no hace tan mal las cosas. Los bebés no son tan frágiles como aparentan, y si los animales saben lo suficiente para sacar adelante a sus cachorros, la especie humana también puede hacerlo. De hecho, es recomendable que los padres recurran más a su instinto y sentido común, y aprendan a olvidarse de tópicos e ideas equivocadas, que a veces se acumulan casi inconscientemente.
La madre primeriza, más receptiva a cualquier información sobre los bebés cuanto más próximo es el nacimiento del suyo, lo lee todo y lo pregunta (o escucha) todo (y de cualquiera), acabando abrumada por un exceso de información que presenta la crianza como una complicadísima labor. Suele estar confundida por opiniones tan tajantes y aparentemente seguras como contradictorias, y con un bagaje de tópicos, exageraciones y errores, que pueden llegar a ser peligrosos y hacerle perder la confianza en el propio sentido común.
Ante la aparente autoridad de la letra impresa, de la voz de la experiencia y del llamado ?saber popular?, es preciso mantener una actitud crítica y no aceptar ninguna norma que carezca de explicación.
Cuanto más categórica sea una afirmación, con más cautela debe ser analizada. Por ejemplo, los bebés no deben mamar cada tres horas, sino que suelen hacerlo aproximadamente con esa frecuencia, y eso a partir de la semana de vida; pero tampoco es exacto decir que sólo han de comer cuando lo pidan, porque al principio y hasta que cogen fuerza, conviene no dejar pasar más de dos o tres horas sin ofrecerles alimento… Sin embargo, podemos admitir que si tienen hambre deben comer, sea la hora que sea, porque ésa es una norma absolutamente lógica.
RICARDO MONTANER CANTA: VIDA ETERNA
ESE ANGEL
Un niño próximo a hacer le dijo a Dios: Me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿cómo viviré allí siendo tan pequeño y tan débil?
ENTRE LOS MUCHOS ANGELES ESCOGÍ A UNO QUE TE ESPERA – contestó Dios.
Pero aquí en el Cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad. ¿Podré hacerlo allí?
ESE ANGEL TE CANTARÁ Y SONREIRÁ TODOS LOS DÍAS. Y TE SENTIRÁS MUY FELIZ CON SUS CANCIONES Y RISAS.
¿Y cómo entenderé cuando me hable, si no conozco el extraño idioma de los hombres?
ESE ANGEL TE HABLARÁ Y TE ENSEÑARÁ LAS PALABRAS MAS DULCES Y MAS TIERNAS QUE ESCUCHAN LOS HUMANOS.
¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?
ESE ANGEL JUNTARÁ TUS PEQUEÑAS MANOS Y TE ENSEÑARÁ A ORAR.
He oído que en la tierra hay hombre malos. ¿Quién me defenderá?
ESE ANGEL TE DEFENDERÁ, AUNQUE LE CUESTE LA VIDA.
Pero estaré siempre triste porque no te veré más, Señor; sin verte me sentiré muy solo.
ESE ANGEL TE HABALARÁ DE MÍ Y TE MOSTRARÁ EL CAMINO PARA VOLVER A MI PRESENCIA – le dijo Dios.
En ese instante, una paz inmensa reinaba en el Cielo; no se oían voces terrestres, el niño decía suavemente: Dime su nombre, Señor
Y Dios le contestó: ESE ANGEL SE LLAMA MAMÁ.
Ella no pensaba realmente que precisaba esa información. Pero María Luisa (su nombre real) creía en la importancia de estar preparada. De modo que leyó cuidadosamente lo que una debería hacer si encontraba necesario dar a luz sin ayuda. El pensamiento no la aterrorizaba, porque la llegada de sus bebés había sido bastante simple y regocijante para esta joven madre.
Todo había comenzado con el primer bebé . Alguien había hecho conocer a María Luisa un libro del Dr. Grantly Read, llamado “Nacimiento Sin Temor”. Había cumplido con sus ejercicios a conciencia y había aprendido a “relajarse”. Joven y fuerte, sin complicaciones, María Luisa había visto en un espejo cómo nacía su bebé. El segundo nacimiento no había sido más complicado y María Luisa estaba esperando el tercero.
Sí, estaba contenta de haber leído sobre el nacimiento de los bebéis.
Porque una mañana de domingo las cosas comenzaron a ocurrir de prisa. Para el momento en que Pablo, su marido, había lavado a los chicos y los había puesto en el auto para llevarlos a la casa de la abuela, el bebé ya había llegado, aún antes de poder salir hacia el hospital.
“Yo estaba emocionalmente en las nubes”, dijo María Luisa. “Era algo maravilloso. Primero, la miré de arriba abajo y la di vuelta. Entonces sentí mucho amor, mucho amor. ¡Nunca me sentí tan realizada!
Ciertamente, era el mejor día de mi vida. No había nadie para interferir en nuestra alegría -la de Pablo y la mía-: sólo nosotros dos, regocijándonos en la creación nuestra y de Dios. Y pensé que todo aquel amor, bien al comienzo de su vida, contribuiría para hacer de nuestra María Inés un bebé ejemplar”.
Por supuesto, María Luisa sabe que ella tuvo buena suerte en sus partos, pero termina su pequeño testimonio diciendo: “Siento pena por las muchachas que esperan con temor la experiencia del alumbramiento, cuando en realidad se les puede ayudar a disfrutar de esa experiencia”.
Un pensamiento para sopesar:
“¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, como para no tener compasión del hijo (o hija) que lleva en el seno?” …
“El perfecto amor echa fuera el temor”. ..
“Como aquel a quien conforta su madre, os confortaré yo”.