Vive las Etapas del Embarazo

Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones

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UN ALMA VIVIENTE

Domingo
may 16,2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En un programa de televisión se preguntó a un niño preescolar cómo imaginaba el cielo. Su respuesta fue: “Es un lugar donde hay un montón de bebés que están esperando para nacer.”

Podemos cuestionar la teología de esta criatura, pero sabemos que todo bebé es un alma inmortal, un VIP, una persona creada a la imagen Dios. Aun antes del nacimiento, el feto es precioso, porque se está desarrollando un ser humano en potencia, un yo, un alguien que vivirá para la eternidad. Jesucristo reconoció a los niños como personas importantes. Prestó atención a los pequeños, los bendijo, los usó como lección objetiva para adultos y enseñó que cada niño tiene un ángel en el cielo, que siempre está contemplando la faz del Padre.

¿ Qué quiere decir la Biblia cuando dice que el hombre fue creado

imagen de Dios?

 

¡Por cierto que esta imagen está distorsionada en la mayoría de nosotros! Pero un bebé humano difiere de un bebé animal, porque a aquél se le ha dado la libertad de hacer elecciones, una mente capaz de pensar cosas por sí mismo, una personalidad que vivirá más allá de la muerte y una conciencia que puede ser capacitada para distinguir entre el bien y el mal. Por medio de Jesucristo, esta personalidad humana puede crecer gradualmente cada vez a semejanza del Padre, más a la imagen de Aquél que es amor.

La importancia de traer al mundo a una criatura escogida de esa manera es impresionante. Quizá debería haber una ceremonia de iniciación, pompa y circunstancia, para cada nuevo padre o madre. Después de un solemne discurso, el padre y la madre responderían de la siguiente manera (parafraseando la respuesta de un nuevo rector universitario): “Es un privilegio estar aquí y aceptar los emblemas de mi función y todas sus responsabilidades. .. Prometo poner todas mis energías, imaginación y cuanto talento tenga en esta función… Les declaro mi decisión de servir fielmente a mi familia y buscar la dirección de Dios para ese fin.”

La Biblia dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Un amigo teólogo me dice que en hebreo la palabra “ser viviente” significa una persona completa. Este ser creado es una personalidad unificada que comprende el cuerpo, el alma y el espíritu.

Alta Erb y Winifred Paul en su “Libro Para Los Padres Cristianos” citan las famosas palabras de Patri:

“Haz una buena tarea los tres primeros años y tendrás un buen seguro para los demás”.

Pero agregan esta sabia palabra: “La infancia y niñez humanas se extienden por muchos años. Dios nos ha dado tiempo para hacer un hombre.”

Si el bebé que nacerá pronto fuera dejado en una canasta en nuestra puerta, no sería un misterio mayor que el que está siendo preparado en el seno materno. La capacitación de ese “ser viviente” es nuestra solemne tarea como padres.

Domingo
abr 25,2010

                      

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                   LOS HIJOS NO ESPERAN.

 

Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo

para consultar al médico;

Un tiempo para hacer dieta y ejercicios, y un tiempo para

preparar el ajuar.

Hay un tiempo de maravillarse en los caminos de Dios,

Sabiendo que éste es el destino para el cual fui preparada.

Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca,

Un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo

que llevo en mis entrañas. .

Un tiempo para preparar mi alma para alimentar la suya.

Pues muy pronto llega el día en que nacerá,

Porque los hijos no esperan.

 

 

Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos

y biberónes.

Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por

la habitación.

Un tiempo para ejercer la paciencia y la abnegación.

Un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo

de amor, de bondad y de dependencia.

Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es, ni mascota

ni juguete, sino una persona, un individuo, un ser creado

a imagen de Dios.

Hay un tiempo para reflexionar acerca de mi mayordomía.

Para saber que no puedo poseerlo.

Que no es mío; que he sido elegida para cuidar de el, para

amarlo, disfrutar de él, edificarlo y responder ante Dios por él.

He resuelto hacer lo máximo a mi alcance,

Porque los hijos no esperan.

 

 

Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la

historia más hermosa que jamás haya oído.

Un tiempo para mostrarle a Dios en la tierra, en el cielo y

en la flor, y enseñarle a maravillarse y sentir asombro.

Hay un tiempo para dejar a un lado los platos sucios y

llevarlo al parque a columpiarse.

De correr con él una carrera, hacerle un dibujo, atrapar

una mariposa y darle compañerismo lleno de alegría.

Hay un tiempo para señalarle el camino y enseñarle

a orar con sus labios de niño,

Enseñarle a amar la Palabra de Dios, y el día de Dios,

Porque los hijos no esperan.

 

Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír

en vez de fruncir el ceño,

De secar lágrimas y. reírse de los platos rotos.

Un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes,

mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos.

Hay un tiempo para contestar a sus preguntas,

a todas sus preguntas,

Porque quizá vendrá el momento en que no querrá

escuchar mis respuestas.

Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a

obedecer, a poner en su lugar los juguetes.

Hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber

cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse

en la comunión y adoración en medio de los suyos.

De conocer la paz que viene por la oración.

Porque los hijos no esperan.

 

 

Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela,

y extrañar su manera de estar siempre alrededor mío.

De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber

que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva

de la escuela.

De escuchar con interés sus descripciones de lo acontecido

en ese día. .

Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener

responsabilidad, autodisciplina,

De ser firme pero afectuosa, de saber disciplinarlo con amor.

Porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar

los lazos que lo sujetan a mi falda.

Porque los hijos no esperan.

 

 

Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez,

Sólo ‘dieciocho preciosos años para inspirarlo y prepararlo.

No vaya cambiar este derecho natural por ese “plato de lentejas”

llamado posición social, o reputación profesional,

o por un cheque de sueldo.

Una hora de dedicación hoy podrá salvar años de dolor mañana.

La casa puede esperar, los platos pueden esperar,

la pieza nueva puede esperar,

Pero los hijos no esperan.

 

 

 

Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean,

ni juguetes en la escalera, ni peleas entre ellos,

ni marcas en las paredes.

Entonces podré mirar atrás con gozo y no con pesar.

Será el tiempo de concentrarme en un servicio fuera de mi hogar.

De visitar a los enfermos, a los que han perdido a sus seres

queridos, a los desanimados, a los que no tienen instrucción.

Para entonces dar mis servicios a “los más pequeñitos”.

Habrá un tiempo para mirar atrás y saber que estos años

de ser madre no se desperdiciaron.

Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver a mi

hijo hecho un hombre íntegro y recto, amando a Dios y

sirviendo a los demás.

Dios mío, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de

mis hijos.

No existen los momentos de poca importancia en sus vidas.

Que sepa comprender que no hay carrera mejor,

Ni trabajo más remunerador,

Ni tarea más urgente.

Que yo no postergue ni descuide esta labor,

Que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu,

y por tu gracia, me dé cuenta

Que el tiempo es breve, y que mi tiempo es hoy,

Porque los hijos no esperan.

 

Helen Young

 

 

                            

EL BEBÉ

Domingo
mar 14,2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿De dónde viniste, querido bebé?

–Desde el infinito llegué hasta aquí.

¿De dónde obtuviste ojos tan azules?

–Del hermoso cielo que crucé al venir.

¿Qué hace a esos ojos brillar con la luz?

–Destellos de estrellas que llevan en sí.

¿De dónde te vino esa lagrimita?

–La encontré esperándome al llegar aquí.

¿Qué formó tu frente tan suave, bebé?

–Una mano tierna la rozó al pasar.

¿Qué hizo de rosas tus dulces mejillas?

–Algo más hermoso que lo conocido.

¿Y de dónde viene tu risa feliz?

–De besos de ángeles, en algún desliz.

¿Quién te dio orejitas perladas de nácar?

–Dios habló y se hicieron para escuchar.

Y los piececitos, ¿de dónde vinieron?

–De la caja de alas de los querrubines.

¿Cómo todo eso te formó así?

–Dios pensó en mí, y entonces crecí.

Y cómo viniste, bebé, hasta aquí?

–Dios pensó en ustedes y me envió a mí.
George MacDonald

Lunes
ene 18,2010

 

 

 

 

 

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Ciertamente el milagro de la vida es algo grandiosamente maravilloso. Y sí, se puede describir como un milagro porque nuestra mente aún no puede entender cómo se puede formar algo tan perfecto y harmonioso.

 

En esta etapa de tu embarazo estás experimentando día a día este milagro que va creciendo en perfección…desde que fue invisible a los ojos hasta llegar a tener todos sus órganos y sistemas funcionando con naturalidad. ¿Quién podría dudar la existencia de un amoroso Dios que nos permite maravillarnos en Su creación cada vez que nace un niño?

 

“Tú hiciste todas las delicadas partes internas de mi cuerpo y las uniste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por haberme hecho tan admirablemente complicado! Es admirable pensar en ello. Maravillosa es la obra de Tus manos, ¡ y qué bien la conozco!

 

Tú estabas presente cuando yo estaba siendo formado en el más completo secreto. Tú me viste antes que yo naciera y fijaste cada día de mi vida antes que comenzara a respirar. ¡Cada uno de mis días fue anotado en tu libro!

 

¡Qué precioso es, Señor, darse cuenta de que continuamente estás pensando en mí! Ni siquiera puedo contar cuántas veces al día tus pensamientos se dirigen a mí. Y cuando despierto en la mañana, aún estás pensando en mí.”

 

Una porción de la BIBLIA del libro de los  Salmos.

Salmo 139 : 11-18

Miércoles
dic 23,2009

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Bella por fuera, bella por dentro

Tu salud mental y tu salud espiritual son tan importantes en esta etapa de tu vida como es tu salud física. Esta etapa de tu embarazo es un tiempo tan especial  y único. Y hay maneras de sentirse muy bien y sentirse bella tanto por fuera como por dentro.


Si las náuseas, mareos u otras molestias no te lo están haciendo pasar muy bien, es posible que ahora estar bella no sea una de tus prioridades, aunque hay mujeres que se sienten especialmente hermosas en esta etapa.

 

Pero si tú no eres una de ellas, y te sientes un poco “baja de ánimo”, sea por los achaques típicos del embarazo o por los cambios que está experimentando tu cuerpo, es muy importante dedicar tiempo a sentirte bien contigo misma, tanto por fuera como por dentro.


Tu salud mental


Sentirte bien mentalmente es muy importante durante el embarazo. Las tensiones y el estrés no te van a hacer ningún bien, en un momento en el que necesitas toda tu energía, y cuando estás pasando por tantos cambios.

 

Muchas mujeres  tenemos una educación tradicional en las que se nos ha enseñado a ser las responsables del funcionamiento de la casa y de la atención de todos los miembros de nuestra familia, y a menudo nos sentimos culpables si no podemos atender adecuadamente todas estas obligaciones. Sin embargo, durante el embarazo es necesario adoptar una actitud mental, porque físicamente no podemos responder a estas exigencias de la misma forma. Y si además no tenemos familiares alrededor que nos puedan ayudar, es posible que se nos haga más difícil seguir el ritmo normal.

Habla con tu esposo y con los que te rodean para que entiendan que vas a necesitar ayuda y no te sientas culpable si hay días en los que tienes que dejar cosas sin hacer. Y sobre todo, recuerda que tan importante como no cansarte, es no sentirte culpable por tomar un rato para relajarte.

Por otra parte, si sientes que durante el embarazo hay ciertas emociones que te están produciendo angustia, o hay alguna situación a tu alrededor que te está desequilibrando, consulta con un profesional. Por ejemplo, si hay muchas discusiones con tu pareja o si has perdido a un bebé anteriormente y tienes ahora mucho miedo de que esa situación se repita. Tu salud mental es importante siempre, pero especialmente ahora. Hablar con un psicólogo puede ayudarte a poner las cosas en perspectiva.


Tu espiritualidad


De la misma forma, la religión y la espiritualidad son una parte importante de la vida de muchas mujeres  y algo muy reconfortante durante el embarazo.

 

Orar, rezar o meditar, te puede hacer sentir muy bien y darte seguridad en ti misma y darte tranquilidad para el momento del parto.


Pero, aunque no seas religiosa, lo que importa es que te sientas bien interiormente durante el embarazo. Busca aquello que te dé paz interior y practícalo de forma regular, sea paseos en la naturaleza, yoga, o ejercicios de respiración. Le trasmitirás esa sensación de bienestar a tu bebé.


Para un niño aún no nacido

 

Te pido Señor,

Por éste, nuestro niño,

Hueso de nuestros huesos,

Carne de nuestra carne,

Y sin embargo, por divino misterio,

¡Un alma inmortal!

 

Haz que pueda conocer

Dulzura y tibieza en el vientre materno;

Y que pueda crecer

Sabio y bondadoso en las manos paternas;

Y que pueda vivir

Mirando hacia Dios

Durante largos años en los caminos rectos

 

¿Qué más pedirte, Dios,

Por este, nuestro niño?

Hueso de nuestros huesos,

Carne de nuestra carne,

Y sin embargo, por divino misterio

¡Un alma inmortal!

 

                                           Miriam Sieber Lind

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