Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones
Durante años, muchos médicos han hecho uso y abuso de esta práctica, cada vez más criticada y censurada. El objetivo actual es aplicarla solo cuando resulte imprescindible.
Sin duda alguna, este es uno de los temas más discutidos cuando se habla del embarazo y el parto. ¿A favor o en contra? Así podría definirse una cuestión en la cual -como si se tratara de política o fútbol- todos parecen tomar partido. Antes de emitir un veredicto, resulta imprescindible saber qué es y para qué sirve una episiotomía, y considerar los argumentos encontrados que por un lado promueven y por el otro censuran la aplicación de este recurso.
¿Qué es la episiotomía?
Se llama así a la incisión quirúrgica que se realiza en el periné para agrandar la apertura vaginal en el momento en que nace el bebé. El corte comprende, normalmente, piel, plano muscular y mucosa vaginal, se realiza con tijeras o bisturí y requiere puntos de sutura. El objetivo de la episiotomía es ampliar el “canal blando”, abreviar el parto y prevenir desgarros. Su eficacia y su conveniencia están en discusión.
Los supuestos beneficios son los siguientes:
Reduce la posibilidad de que se produzcan desgarros perineales.
Es más fácil de cicatrizar que un desgarro, ya que se trata de un corte limpio y recto.
Acorta el periodo de parto.
Previene posibles problemas en el bebé, como asfixia, hemorragia cerebral, parálisis cerebral y traumatismo craneal.
En teoría, de todos modos, este tipo de intervención debería realizarse solo de manera ocasional. Por ejemplo, si el parto se complica debido a que la cabeza y/o los hombros del bebé son demasiado grandes para el tamaño de la abertura vaginal de la madre, o si el bebé viene “al revés” (es decir, si en lugar de salir de cabeza lo primero que aparece son los pies y las nalgas). También podría resultar beneficioso en caso de que fuera preocupante la frecuencia cardíaca del bebé, ya que serviría para acortar los tiempos (y por ende los riesgos) del parto.
Sin embargo, aunque no hay estadísticas oficiales de su uso en España, diferentes asociaciones que se oponen a su práctica afirman que aún hoy entre el 80% y el 90% de los partos de madres primerizas y el 50% de los restantes incluyen episiotomía. Es decir, que no se lo usa como un recurso para casos específicos sino como sistema.
Ya has sobrevivido los altibajos emocionales y las hemorroides, y piensas que se terminaron las sorpresas. Pues adivina otra vez- el día que des a luz te llevaras las sorpresas más grandes de las que hayas visto hasta ahora.
Solamente una de cada 10 madres rompe aguas antes de que comiencen las contracciones del nacimiento. Algunas mujeres nunca lo experimentan – un doctor puede que tenga que romper el saco amniótico (si la matriz ya está dilatada) cuando la mujer embarazada llega al hospital. ¿Cuánta cantidad de agua puedes esperar perder? Para un bebe que ha completado el ciclo completo, normalmente de 2.1 a 5.9 tazas (500 a 1400 mililitros) de liquido amniótico.
Algunas mujeres puede que sientan una urgencia de querer orinar que se traduce en un chorro de líquido cuando rompen aguas. Otras madres sólo tienen una sensación de cosquilleo recorriendo sus piernas porque la cabeza del bebe actúa como protector para impedir que todo el liquido salga del cuerpo. En cualquier caso, el líquido amniótico tiene generalmente un olor dulce y un color pálido casi incoloro. Tu cuerpo reemplaza el líquido cada tres horas, así que no te sorprendas si continúas eliminando líquido, aproximadamente una taza cada hora, hasta el momento del nacimiento.
Otro tipo de cosas inesperadas puede que salgan de tu cuerpo durante el parto, en adición a tu bebé, sangre y líquido amniótico. Algunas mujeres experimentan nausea y vómitos. Otras tienen diarrea antes o durante el parto, y la flatulencia (gas) también es bastante común. Durante la fase del parto en la que tienes que pujar puede que pierdas el control de tu vejiga o de tu vientre. Un plan durante el nacimiento puede ser especialmente útil para comunicar tus deseos al equipo médico que te atenderá sobre cómo lidiar con estos y otras situaciones que se presentan durante el parto y el nacimiento.
Hay muchas sorpresas guardadas para ti una vez que quedas embarazada – pero ninguna es más dulce que la forma como te sentirás ¡cuando tengas a tu recién nacido en tus brazos!
Steven Dowshen MD
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Si el parto no comienza por sí solo, tu médico se puede valer de ciertas técnicas para provocar (o “inducir”) las contracciones. Además, si por alguna razón el trabajo de parto no avanza, tu médico puede recurrir también a estas técnicas que aumentan o aceleran tus contracciones. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE.UU., aproximadamente uno de cada cinco nacimientos en los Estados Unidos es inducido.
Podría ser necesario que te induzcan el parto si los riesgos de prolongar el embarazo son más altos que los riesgos de dar a luz al bebé de inmediato.
Las razones más comunes son:
• Sigues estando embarazada una o dos semanas después de la fecha prevista para el parto. La mayoría de los médicos no dejarán que esperes mucho más tiempo para dar a luz, porque implicaría más riesgo de que surjan complicaciones. Por ejemplo, la placenta puede ser menos eficaz a la hora de pasarle nutrientes a tu bebé, lo cual podría aumentar el riesgo de que naciera sin vida o de que tu recién nacido tuviera problemas graves.
Asimismo, si tu bebé es demasiado grande, hay más probabilidades de que el parto se prolongue o se quede estancado. Además, tanto tú como tu bebé pueden presentar más riesgo de sufrir lesiones durante un parto vaginal, y las posibilidades de que necesites una cesárea son mayores.
• Rompes la fuente o bolsa de las aguas y el parto no comienza por sí solo. En este caso te inducirán para disminuir el riesgo de infección en tu útero y en tu bebé, ya que es más pronunciado una vez has roto aguas. (Sin embargo, si tu bebé es muy prematuro, tu doctor quizás pospondrá la inducción del parto.)
• Los estudios revelan que, sea cual sea la razón, la placenta no está funcionando correctamente, tienes demasiado poco líquido amniótico o tu bebé no está desarrollándose o creciendo como debería.
• Contraes preeclampsia, una complicación grave que puede poner en peligro tu salud y reducir el riego sanguíneo hacia el bebé.
• Tienes una enfermedad crónica o aguda — como hipertensión arterial, diabetes o una afección en los riñones — que amenaza tu salud o la salud de tu bebé.
• Tuviste un embarazo anterior a término en el que diste a luz a un bebé que nació muerto.
Los métodos que utilice tu médico para inducir el parto dependerán del estado en que esté el cuello de tu útero. Si éste no ha comenzado a ablandarse, afinarse (hacerse más delgado) o dilatarse (abrirse), se considera que todavía no está “maduro” o preparado para el parto. En ese caso, el médico recurrirá seguramente a hormonas o métodos “mecánicos” para hacer madurar al cuello del útero antes de inducir el parto. A veces estos procedimientos terminan desencadenando el parto.
Si el parto no empieza por sí solo, te pondrán una infusión intravenosa de Pitocina cuando madure tu cuello uterino. Pitocina es una forma sintética de la hormona oxitocina, que tu cuerpo produce naturalmente durante un parto espontáneo. Si tu cuello uterino está maduro desde el comienzo, te pondrán la Pitocina inmediatamente.
Algunos de los métodos que se utilizan para hacer madurar el cuello uterino e inducir el parto son:
Administrar prostaglandinas. Por lo general, si requieres una inducción pero tu cuello uterino no está aún dilatado o afinado, te admitirán en el hospital y tu médico empezará la inducción administrándote por la vagina medicamentos que contengan la hormona prostaglandina. Estos medicamentos ayudan a madurar el cuello uterino y a veces estimulan suficientes contracciones como para desencadenar el parto.
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Utilizar una sonda de Foley. En lugar de usar medicación para hacer madurar el cuello uterino, el médico puede introducir en el cuello del útero una sonda con un globo en su extremo, muy pequeño y sin inflar. Cuando el globo se infla con agua, ejerce presión sobre el cuello del útero, y así se estimula la liberación de prostaglandinas, lo que hace que el cuello uterino se abra y ablande. Cuando el cuello del útero comienza a dilatarse, el globo cae afuera y se extrae la sonda.
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Despegar o desprender las membranas. Si el cuello del útero ya se encuentra algo dilatado, y no hay una razón urgente para inducir, el médico puede introducir su dedo por el cuello uterino y separar manualmente la bolsa de las aguas o saco amniótico de la parte baja del útero. Esto produce la liberación de las prostaglandinas, que por lo general ayudan a que el cuello uterino madure más y posiblemente estimulen las contracciones.
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En la mayoría de los casos, este procedimiento se efectúa durante una visita a la consulta de tu médico. Después te envían a tu casa para que esperes el comienzo del parto, que generalmente empieza en los días siguientes. Muchas futuras mamás consideran que este procedimiento es molesto e incluso doloroso, si bien las molestias son pasajeras.
Romper las membranas. Si el cuello del útero se encuentra al menos unos centímetros dilatado, el médico puede introducir un pequeño instrumento de plástico en forma de gancho y romper la bolsa de aguas. Este procedimiento no es más molesto que el tacto vaginal.
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Si el cuello uterino está bien maduro y preparado para el parto, hay una pequeña probabilidad de que baste con esto para estimular las contracciones. De no ser así, el médico te administrará Pitocina por vía intravenosa.
Una vez que hayas roto aguas, la mayoría de los médicos querrán que des a luz entre 12 y 24 horas después porque el riesgo de infección para ti y para tu bebé aumenta con el paso de las horas.
Administrar Pitocina. Tu médico te puede administrar la hormona sintética Pitocina mediante una bomba de infusión intravenosa para iniciar o aumentar las contracciones. Puede regular la cantidad que necesites de acuerdo a cómo avance el parto.
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Aunque la inducción por regla general es segura, tiene algunos riesgos, que varían de acuerdo con el método utilizado y con tu situación individual. La Pitocina, las prostaglandinas, y la estimulación de los pezones (que se explica más abajo) a veces estimulan el útero en exceso, lo cual quiere decir que las contracciones pueden venir con demasiada frecuencia o ser anormalmente largas y fuertes. Esto, a su vez, causa estrés en el bebé.
En raras ocasiones las prostaglandinas o el fármaco de la Pitocina también causan desprendimiento prematuro de placenta o incluso la ruptura del útero, si bien las rupturas uterinas son muy poco frecuentes en las mujeres que nunca han tenido una cesárea u otra cirugía uterina.
Un tipo de prostaglandina que se usa con frecuencia, misoprostol, se asocia a una tasa relativamente alta de ruptura uterina en mujeres que intentan tener un parto vaginal después de una cesárea, y nunca debería administrársele a una mujer que tiene cicatrices en el útero. Y algunos especialistas consideran que a aquellas mujeres que intentan dar a luz por vía natural después de una cesárea no se les debería tampoco inducir el parto con Pitocina.
Para determinar la frecuencia y la duración de las contracciones así como también el ritmo cardiaco del bebé durante un parto inducido, necesitarás que te hagan monitoreos fetales continuos. En la mayoría de los casos, debes acostarte o sentarte mientras te hacen los controles. Sin embargo, algunos hospitales ofrecen unos monitores por telemetría, que no necesitan estar conectados por cables, lo que te permitirá caminar un poco durante el proceso.
El proceso de inducir el parto puede llevar mucho tiempo, especialmente si se empieza con un cuello uterino que no está maduro, y puedo ser duro para ti y para tu pareja desde el punto de vista psicológico. Por otra parte, a algunas mujeres que ya se han pasado de la fecha prevista les resulta todavía más duro seguir esperando a que empiece el parto de manera natural.
Si la inducción no funciona, tendrán que hacerte una cesárea. La cesárea después de una inducción fallida se asocia a porcentajes más altos de complicaciones que la cesárea programada.
Recuerda que tu médico te recomendará inducir el parto sólo cuando crea que es más arriesgado para ti y para tu bebé esperar a que el parto comience naturalmente.
Sí. Será necesario que te practiquen una cesárea en lugar de una inducción siempre que sea peligroso para ti y para el bebé tener un parto vaginal, lo que incluye las siguientes situaciones:
• Los controles indican que tu bebé necesita nacer de inmediato o que no puede tolerar las contracciones, por lo que necesita nacer inmediatamente.
• Tienes placenta previa; presentas vasos previos (cuando los vasos sanguíneos del cordón umbilical están adheridos a las membranas amnióticas y corren riesgo de romperse durante el parto); o el cordón se encuentra por delante de la cabeza del bebé y podría comprimirse cuando la cabeza ingrese al canal del parto, o salirse por el cuello uterino cuando rompas aguas.
• Tu bebé se encuentra de nalgas o en una posición transversal, lo que significa que no está preparado para salir con la cabeza primero.
• Te han practicado más de una cesárea. (Algunos médicos creen que las mujeres con incluso una sola cesárea anterior no deberían ser inducidas.)
• Tuviste una cesárea previa con una incisión uterina “clásica” (vertical) u otra cirugía uterina, como la miomectomía (cirugía para extirpar fibromas).
• Estás embarazada de mellizos o gemelos y el primer bebé viene de nalgas o estás por tener trillizos o más bebés.
• Tienes una infección de herpes genital activa.
No se ha probado consistentemente la existencia de un método “casero” que sea seguro y a la vez efectivo. A continuación te informamos de algunas técnicas de las que puedes haber oído hablar:
• Relaciones sexuales: El semen contiene algunas prostaglandinas y experimentar un orgasmo puede estimular contracciones. Algunos estudios han deducido que tener relaciones sexuales a término (cuando ya estás en la fecha prevista de parto) puede disminuir la necesidad de inducir el parto, pero otros no han encontrado que las relaciones sexuales estimularan el comienzo del parto.
• Estimulación de los pezones: Retorcer o apretar los pezones hace que se libere tu propia oxitocina natural y puede ayudar a desencadenar el parto, pero hace falta realizar más estudios para comprobar la eficacia y seguridad de este método. Como la estimulación de los pezones puede estimular tu útero en exceso, tus contracciones y la respuesta del bebé a las mismas deberían controlarse cuidadosamente, por lo que no es recomendable que trates de hacerlo en tu casa.
• Aceite de ricino: El aceite de ricino es un laxante fuerte, y estimular los intestinos puede provocarte algunas contracciones. Sin embargo, no hay buenos estudios que hayan probado consistentemente su efectividad, y probablemente el efecto que te produzca en el intestino sea muy desagradable.
• Hierbas y remedios caseros: Numerosas hierbas se promocionan como útiles para inducir el parto. Algunas de ellas son peligrosas porque pueden estimular el útero en exceso (y además pueden no ser seguras para tu bebé por otras razones).Y la seguridad y efectividad del resto aún no se ha probado.
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¿Qué es una cesárea?
Una cesárea es un procedimiento quirúrgico que consiste en practicar un corte en el abdomen y el útero, a través del cual se extrae al bebé. En algunos casos, la cesárea se programa por anticipado; en otros, se realiza cuando surgen complicaciones imprevistas.
Una cesárea es una cirugía abdominal importante, y por eso presenta más riesgos que el parto vaginal. Las mujeres que dan a luz mediante cesárea son más propensas a tener infección, hemorragias intensas, coágulos de sangre, más dolor después del parto y una recuperación más prolongada. Las lesiones en la vejiga o en el intestino (si bien no son muy frecuentes), también son más comunes.
Además, si planeas tener más hijos, cada cesárea que te hagan aumenta el riesgo de que desarrolles placenta previa en futuros embarazos. No obstante, no siempre se puede — o se debería — evitar una cesárea. En algunas circunstancias, la cesárea es lo mejor que puedes hacer, por tu propio bien o el de tu bebé.
A veces se sabe con claridad que una mujer necesitará una cesárea incluso antes de que comience el parto. Las condiciones que pueden requerir una cesárea programada son las siguientes:
• Ya has tenido una cesárea “clásica” (con corte uterino vertical) o más de una cesárea. Si sólo has tenido una cesárea con corte horizontal, puedes ser buena candidata para tener un parto vaginal después de una cesárea.
• Has sufrido alguna otra cirugía uterina, como por ejemplo una miomectomía (extracción quirúrgica de fibromas).
• Estás embarazada de más de un bebé (algunos gemelos pueden nacer por parto vaginal, pero todos los embarazos de trillizos o más bebés requieren una cesárea).
• Se espera que tu bebé sea muy grande (esta complicación se denomina macrosomia), especialmente si eres diabética o has tenido otro bebé de igual tamaño o menor que haya sufrido traumatismos graves durante el parto vaginal.
• Tu bebé viene de nalgas o está en posición transversal (de costado). En algunos casos, como en un embarazo gemelar en el que el primer bebé está ubicado cabeza abajo y el segundo viene de nalgas, es posible dar a luz de forma vaginal al bebé que está de nalgas.
• Tienes placenta previa (cuando la placenta se encuentra tan abajo en el útero que cubre el cuello uterino).
• Se sabe que el bebé tiene una enfermedad o anomalía fetal que haría que el parto vaginal fuera peligroso.
• Eres VIH positivo y los análisis de sangre efectuados al final del embarazo muestran que tienes una alta cantidad del virus.
Puedes necesitar una cesárea si surgen complicaciones que hacen que inducir o continuar con el parto vaginal sea peligroso. Estos casos son los siguientes:
• El cuello del útero deja de dilatarse o el bebé deja de descender por el canal del parto, y los intentos de estimular las contracciones y reanudar el proceso no han dado resultado.
• La frecuencia cardiaca del bebé preocupa al médico, por lo que éste determina no continuar con una inducción ni con un parto vaginal.
• El cordón umbilical se desliza por el cuello del útero (esto se denomina cordón umbilical prolapsado). Si eso sucede, el bebé necesitará nacer inmediatamente, porque un cordón prolapsado puede cortarle el suministro de oxígeno.
• La placenta comienza a desprenderse de la pared uterina (desprendimiento prematuro de placenta), lo que significa que el bebé no tendrá suficiente oxígeno, a menos que nazca inmediatamente.
• Tienes una erupción de herpes genital cuando empiezas el parto o cuando rompes aguas (rompes la fuente o bolsa). La cesárea ayudará a proteger a tu bebé contra la infección.
En primer lugar, el médico te explica por qué cree conveniente practicarte una cesárea y te pide que firmes una autorización. Si el profesional que usualmente te atiende es una comadrona, te asignarán a un obstetra para la cirugía, quien tomará la decisión final y recibirá tu consentimiento.
En general, tu esposo o pareja puede acompañarte durante la mayor parte de la preparación y durante el nacimiento. En el raro caso de que la cesárea sea tan urgente que no le dé tiempo a tu pareja a cambiarse de ropa (ha de ponerse ropa esterilizada), o necesitas que te apliquen anestesia general, es posible que no le permitan permanecer contigo en el quirófano.
Después viene un anestesista que hablará contigo de las opciones para aliviar el dolor. Hoy en día no se suele administrar anestesia general, ya que te deja completamente inconsciente, excepto en las emergencias más extremas o si por alguna razón no puedes recibir calmantes locales.
Lo más probable es que te administren una anestesia peridural o espinal, que insensibiliza la parte inferior del cuerpo, pero te deja consciente y alerta para el nacimiento del bebé.
Si ya te han administrado un peridural para el parto, se utilizará también para la cesárea. Antes de la cirugía, se te proporciona medicación adicional para asegurar que estés completamente anestesiada. (De todos modos, es posible que sientas presión o una sensación de tirón en algún momento de la cirugía).
Después te introducen una sonda para drenar la orina durante el proceso e inician una infusión intravenosa si es que no tenías ya una puesta en el brazo. Te afeitan la parte superior del vello púbico y te trasladan al quirófano. Seguidamente te administran anestesia y levantan una sábana por encima de la cintura para crear una barrera visual (así no puedes ver cuando te hacen la incisión).
Si quieres presenciar el momento del parto, pídele al médico o comadrona que baje un poco la sábana para que puedas ver al bebé, pero nada más. Tu esposo o pareja, recién vestido con la ropa del quirófano, podrá sentarse cerca de tu cabeza.
Una vez que la anestesia surte efecto, se te pasa un algodón o gasa con antiséptico por el vientre y probablemente el médico realice una pequeña incisión horizontal en la piel, sobre el pubis (en inglés lo llaman en lenguaje coloquial bikini cut o “corte de bikini”). Después corta a través del tejido subyacente, capa por capa, hasta llegar al útero. Cuando llega a los músculos abdominales, generalmente los separa manualmente (en lugar de seguir cortando a través de ellos) y los corre para dejar al descubierto lo que está debajo.
Cuando llega al útero, hace un corte horizontal en su segmento inferior. Esto se denomina “incisión transversal inferior”.
En raras circunstancias, el médico decide hacer una incisión uterina vertical o “clásica”. Este podría ser el caso si el bebé es muy prematuro y la parte inferior del útero aún no está lo suficientemente fina como para cortar.
Luego el médico mete la mano dentro y saca al bebé. Tienes la oportunidad de verlo unos instantes antes de que se lo dé al pediatra o la comadrona. Mientras el equipo médico está examinando al bebé, el médico saca la placenta y comienza a suturar (coser la incisión).
Después de examinar al bebé, el pediatra o la comadrona se lo dan por lo general a tu pareja, quien puede sostenerlo al lado tuyo para que lo puedas mirar, acariciar y besar mientras te suturan, capa por capa. La última capa — la piel — puede cerrarse con puntos o con grapas, que generalmente se quitan entre tres días y una semana después. Cerrar el útero y el vientre lleva mucho más tiempo que abrirlos. Esta parte de la cirugía lleva por lo general unos 30 minutos.
Una vez terminada la cirugía, te llevan a la sala de recuperación, donde se te controla cuidadosamente durante unas horas. Si el bebé está bien, lo llevarán a la sala y finalmente podrás tenerlo en brazos. Si tienes pensado amamantar, éste es un buen momento para intentarlo. Te puede resultar más sencillo alimentarlo si ambos se acuestan de costado, cara a cara.
Estarás internada tres o cuatro días antes de volver a tu casa. Es buena idea conseguir a alguien que te ayude con las tareas domésticas durante las primeras semanas cuando regreses a casa, porque estarás adolorida y necesitarás tus energías para recuperarte y dedicarte a tu bebé.
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La mejor posición para tu bebé cuando empieza el parto es cabeza abajo, con la parte posterior de la cabeza levemente inclinada hacia tu vientre. En esta posición, se ajusta perfectamente a la curva de tu pelvis y le es más fácil descender suavemente durante el trabajo de parto. Cuando llegue a la parte inferior de la pelvis, girará un poco la cabeza, de manera que la parte más ancha de ésta quedará en la parte más ancha de la pelvis. De esa forma, la parte posterior de la cabeza puede deslizarse por debajo del hueso púbico. Cuando nazca, su cara rozará tu perineo, que es el tejido que se encuentra entre la vagina y el ano.
Los bebés que tienen la parte posterior de la cabeza junto al vientre de su madre se encuentran en posición anterir. El trabajo de parto es casi siempre más corto y más fácil si el bebé está en posición anterior.
Algunos bebés descienden a la pelvis con la parte posterior de la cabeza hacia la columna vertebral de la madre. Esto se llama posición POSTERIOR y puede llevar a que sucedan varias cosas:
• Hay más posibilidades de que rompas aguas (la fuente o bolsa) al comienzo del parto.
• Tienes mucho dolor de espalda durante las contracciones y entre ellas.
• El parto es más lento.
• Puedes necesitar fórceps o ventosa (un mecanismo de succión) para ayudarte a dar a luz al bebé.
La cercanía entre el huesudo cráneo del bebé y tu columna vertebral puede ser muy incómoda. Si te pones a cuatro patas durante el parto, el bebé se alejará de tu columna, lo que ayudará a aliviarte el dolor de espalda.
Cuando el bebé llegue a la parte inferior de la pelvis, necesitará girar 180 grados para acomodarse en la mejor posición para nacer. Esto puede tardar bastante tiempo. ¡O bien puede decidir no voltearse! En ese caso, nacerá con la cara hacia arriba, mirándote a ti. Es posible que se necesiten fórceps o ventosa para ayudarlo a salir.
Parece que las mujeres occidentales tienen más posibilidades de tener bebés en posición posterior que las mujeres que trabajan tradicionalmente en el campo. Por lo tanto, el estilo de vida puede ser una de las causas de que los bebés se coloquen en la pelvis en posición posterior. No es difícil entender por qué. Cuando una persona está sentada en el auto, o acurrucada en un cómodo sillón mirando televisión, o trabajando delante de una computadora durante muchas horas, a menudo su pelvis se encuentra inclinada hacia atrás. Si está en una posición en la que las rodillas se encuentran por encima del nivel de la pelvis, esa inclinación se dará siempre.
Cuando la pelvis está inclinada hacia atrás, la parte más pesada del bebé, es decir, la parte posterior de la cabeza y la columna, también tenderán a moverse hacia la espalda. Por lo tanto, termina en posición posterior, acostado contra tu columna. Si llevas un estilo de vida en el que no estás mucho tiempo sentada y realizas muchas actividades de pie, es mucho más probable que el bebé descienda a la pelvis en posición anterior, porque tu pelvis siempre estará inclinada hacia adelante.
En la actualidad, se habla mucho acerca de qué puede hacer una mujer embarazada para que el bebé ingrese a la pelvis en posición anterior, también denominada “posición fetal óptima”. Puedes contribuir a que el bebé adopte la posición anterior asegurándote de que tus rodillas estén siempre más bajas que las caderas:
• Siéntate en el auto sobre un almohadón para mantener el fondillo levantado.
• Asegúrate de que tu silla favorita no te haga descender el fondillo y subir las rodillas.
• Si pasas mucho tiempo sentada en el trabajo, haz pausas regularmente y muévete.
• Ponte a cuatro patas durante diez minutos todos los días mientras miras la televisión.
• Friega el piso arrodillada. Nuestras abuelas solían decir que limpiar el piso de la cocina era una buena forma de prepararse para el parto. ¡Y tenían razón! Cuando estás en esta posición, la parte posterior de la cabeza del bebé se balancea hasta el frente de tu abdomen.
No tienes que preocuparte de hacer que el bebé se coloque en una buena posición mientras estás en la cama. Cuando estás acostada, el bebé no se ve empujado hacia la pelvis. Ingresará a la pelvis, ya sea en posición anterior o posterior, cuando estés de pie.
Un estudio encontró que ponerse a cuatro patas durante diez minutos, cuando el bebé se encuentra en posición lateral o posterior, tiene efectos a corto plazo en la posición del bebé. No hay estudios concluyentes que indiquen que este cambio de posición se mantiene hasta el parto. Evidentemente, se necesita más investigación; sin embargo, comadronas expertas como Jean Sutton, están convencidas, a partir de su amplia experiencia, que la postura de la madre durante la última etapa del embarazo tiene un efecto en la posición del bebé.
Si estás esperando tu primer bebé, puedes intentar adoptar el estilo de vida descrito en la sección anterior, aproximadamente a partir de la semana 35 de embarazo. Éste es el momento en que el bebé desciende a la pelvis y, por tanto, el momento en que debería colocarse en la posición correcta. Si estás esperando tu segundo bebé, aunque éste no se encaje en la pelvis hasta más adelante, sigue siendo prudente intentar mantener su espalda de frente a tu vientre aproximadamente desde la semana 35.
Algunas mujeres sufren muchos dolores molestos durante varios días, antes de que comience realmente el parto. Esto puede ser muy extenuante. Sin embargo, estos dolores pueden deberse a que el bebé está intentando girarse desde una posición posterior a una anterior. El mejor modo de sobrellevarlos es intentar descansar lo más posible durante la noche y, durante el día, permanecer de pie y activa, e inclinarte hacia adelante en el momento de los dolores. Come y bebe regularmente para mantenerte fuerte. Y no te desesperes. La naturaleza está ubicando a tu bebé en la mejor posición para nacer.
Las mujeres saben qué hacer instintivamente durante el parto si se las deja solas. Sin embargo, dar a luz en el hospital a veces significa que es difícil hacer lo que el cuerpo te dicta, ya sea por falta de espacio en la sala de partos o porque tienes que permanecer acostada para que se realicen varios procedimientos. Intenta:
• Permanecer de pie lo más que puedas.
• No acostarte en la cama durante periodos prolongados.
• Inclinarte hacia adelante durante las contracciones.
• Pedirle a tu pareja o a quien te esté ayudando durante el parto que te haga masajes en la espalda.
• Balancear la pelvis durante las contracciones para ayudar a que el bebé se de vuelta cuando pase a través de la pelvis.
• Evitar sentarte en una silla o en la cama apoyándote en la espalda.
• Si te cansas mucho durante el parto, ponerte de costado, ya que esto permite a la pelvis expandirse un poco para dar al bebé más espacio mientras descansas.
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