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¿De dónde viniste, querido bebé?

–Desde el infinito llegué hasta aquí.

¿De dónde obtuviste ojos tan azules?

–Del hermoso cielo que crucé al venir.

¿Qué hace a esos ojos brillar con la luz?

–Destellos de estrellas que llevan en sí.

¿De dónde te vino esa lagrimita?

–La encontré esperándome al llegar aquí.

¿Qué formó tu frente tan suave, bebé?

–Una mano tierna la rozó al pasar.

¿Qué hizo de rosas tus dulces mejillas?

–Algo más hermoso que lo conocido.

¿Y de dónde viene tu risa feliz?

–De besos de ángeles, en algún desliz.

¿Quién te dio orejitas perladas de nácar?

–Dios habló y se hicieron para escuchar.

Y los piececitos, ¿de dónde vinieron?

–De la caja de alas de los querrubines.

¿Cómo todo eso te formó así?

–Dios pensó en mí, y entonces crecí.

Y cómo viniste, bebé, hasta aquí?

–Dios pensó en ustedes y me envió a mí.
George MacDonald