Las etapas del embarazo, cuidados, sintomas, y precauciones
En un programa de televisión se preguntó a un niño preescolar cómo imaginaba el cielo. Su respuesta fue: “Es un lugar donde hay un montón de bebés que están esperando para nacer.”
Podemos cuestionar la teología de esta criatura, pero sabemos que todo bebé es un alma inmortal, un VIP, una persona creada a la imagen Dios. Aun antes del nacimiento, el feto es precioso, porque se está desarrollando un ser humano en potencia, un yo, un alguien que vivirá para la eternidad. Jesucristo reconoció a los niños como personas importantes. Prestó atención a los pequeños, los bendijo, los usó como lección objetiva para adultos y enseñó que cada niño tiene un ángel en el cielo, que siempre está contemplando la faz del Padre.
¿ Qué quiere decir la Biblia cuando dice que el hombre fue creado
imagen de Dios?
¡Por cierto que esta imagen está distorsionada en la mayoría de nosotros! Pero un bebé humano difiere de un bebé animal, porque a aquél se le ha dado la libertad de hacer elecciones, una mente capaz de pensar cosas por sí mismo, una personalidad que vivirá más allá de la muerte y una conciencia que puede ser capacitada para distinguir entre el bien y el mal. Por medio de Jesucristo, esta personalidad humana puede crecer gradualmente cada vez a semejanza del Padre, más a la imagen de Aquél que es amor.
La importancia de traer al mundo a una criatura escogida de esa manera es impresionante. Quizá debería haber una ceremonia de iniciación, pompa y circunstancia, para cada nuevo padre o madre. Después de un solemne discurso, el padre y la madre responderían de la siguiente manera (parafraseando la respuesta de un nuevo rector universitario): “Es un privilegio estar aquí y aceptar los emblemas de mi función y todas sus responsabilidades. .. Prometo poner todas mis energías, imaginación y cuanto talento tenga en esta función… Les declaro mi decisión de servir fielmente a mi familia y buscar la dirección de Dios para ese fin.”
La Biblia dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Un amigo teólogo me dice que en hebreo la palabra “ser viviente” significa una persona completa. Este ser creado es una personalidad unificada que comprende el cuerpo, el alma y el espíritu.
Alta Erb y Winifred Paul en su “Libro Para Los Padres Cristianos” citan las famosas palabras de Patri:
“Haz una buena tarea los tres primeros años y tendrás un buen seguro para los demás”.
Pero agregan esta sabia palabra: “La infancia y niñez humanas se extienden por muchos años. Dios nos ha dado tiempo para hacer un hombre.”
Si el bebé que nacerá pronto fuera dejado en una canasta en nuestra puerta, no sería un misterio mayor que el que está siendo preparado en el seno materno. La capacitación de ese “ser viviente” es nuestra solemne tarea como padres.
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